viernes, 8 de marzo de 2013

El cuento de la Luna dormida


Cuenta la historia que dentro de cada corazón hay un hada que cuida de quienes guardamos dentro. Cuenta también que fue un hada quien nos salvó de que la Luna desapareciera para siempre…




La Luna estaba cansada, harta y enfadada. Todos los enamorados se pasaban el día ofreciéndola por su amor. Y la luna iba de un lado a otro, siendo prometida y luego abandonada, con unos, con otros. Con corazones sinceros y corazones de roca. Con historias de amor verdadero y con historias que la rompían en mil pedazos. Eso era lo que le pasaba, sí… de tanto utilizarla la habían roto. La Luna sentía miles de cuerdas atándola cada noche, intentando tirar de ella para ser ofrecida a tantos y tantos amantes que poco luchaban por su amor, pensaba ella, y mucho por tirar de algo que no les pertenecía. Una noche la Luna decidió esconderse y, al caer el atardecer, se sumió en un profundo sueño del que no quería volver. Y la noche se hizo oscura.

Y el más bello reflejo del sol desapareció.
Todos los corazones que luchaban por la Luna se dispusieron a despertarla de su profundo sueño, ¿qué ofrecerían ahora si la Luna no estaba? Uno tras otro lo fueron intentando, sin éxito. A cada fracaso, unos nuevos amantes se iban despidiendo, no habían aprendido a ofrecer otra cosa que la Luna y, sin nada que ofrecer, se les rompió lo que ellos pensaban que era amor. Todo el mundo nuevo formado por aquellos amantes enamorados ya no era nada, porque nada se había construido sobre él en realidad. Todo habían sido prisas envueltas en impaciente pasión; todo rápido y sin cuidado. Todo locura incontrolada que iba destrozando ahora el mundo que les rodeaba. Los besos se daban por rutina, las caricias no aparecían, la dulzura se extinguía y la ternura parecía haberse perdido.
El sol miraba desesperado hacia abajo, intentando comprender lo que estaba pasando, pero nada parecía tener sentido. Los corazones poco se decían, el amor escaseaba.
Un pequeño corazón caminaba por el campo cuando el sol se ponía. Este corazón amaba las estrellas y esperaba entre la hierba para poder contemplar la noche estrellada. Cuando al fin pudo ver las estrellas, entristeció de pronto, despertando a su hada. Ella levantó la vista…. ¿Dónde estaba la Luna? ¿Por qué no brillaba? Y, lentamente, fue comprendiendo lo que había pasado… Y el hada se llenó de incomprensión. ¿Por qué no nos amamos tranquilos? ¿Por qué hay corazones que en lugar de ser sinceros, se prometen imposibles? Ella amaba y nunca había ofrecido la Luna… Tampoco la había pedido en ninguna ocasión. Entendía que el amor a veces puede ser tan grande que los corazones parecían pedir algo tan hermoso y eterno como es la Luna, pero es que  no se daban cuenta de que el amor no se podía atrapar, ofrecer o guardar como una Luna, sino con más amor y a lo largo del tiempo. Eso la Luna no podía ofrecerlo y por eso desesperaba. Todos los corazones saben qué es exactamente la Luna y que solo ofrece luz en la noche, pensaba el hada, ¿por qué pretenden convertirla en ese regalo que a nadie cura?
Voló hacia el cielo y, envuelta en amor sincero, espolvoreó la dulzura alrededor del gran astro dormido, curando así la Luna rota. 

Despierta”, susurró el hada, “nadie volverá a ofrecerte; todos los corazones que no se amaban realmente se han separado, y todos los que quedan llenos de amor no intentarán atraparte.

La Luna abrió los ojos con miedo pero no vio las heridas que tantas cuerdas le habían causado. ¿Acaso el amor sincero que no pide nada a cambio podía curarla? ¿Merecía la pena brillar cada noche para alumbrar ese tipo de amor?

-¿Dónde vas?- preguntó la Luna cuando el hada desplegó las alas para salir volando.

  -A mi corazón. -respondió.- Desde allí cuidaré de que nunca te vuelvan a ofrecer o a pedir a cambio de nada. Y no te romperás nunca más, Luna.
 
Dicen que desde entonces una vez al mes la Luna no sale, recordándonos que si queremos que algo brille, debemos cuidarlo. Nunca el amor puede ser exigido, nunca puede ser construido sin sinceridad. Nunca puede ofrecer lo que no tiene y nunca se puede exigir lo que no corresponde al corazón… Porque, si lo hacemos, nuestra luna, la dulzura, el amor y el hada que los cuida, se sumirán en el más profundo sueño, y nuestro corazón, vacío de lo importante, solo podrá guardar pesadillas.


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"Después de todo qué complicado es el amor breve y, en cambio, qué sencillo el largo amor."


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Así son las cosas. Rosana

"Así son las cosas, cuanto más pequeñas, 
más tiernas, más suaves más maravillosas...
Huellas que se hunden hasta que se funden."





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"Felicidad" A.Varela